Foto cortesía de José Luis Ortiz Güell
Las palabras y las letras, cuando están
bien encauzadas, construyen puentes de paz, abren senderos de reconciliación y permiten
disfrutar de las espectaculares vistas de la solidaridad en un mundo que, a
menudo… o casi siempre, corre demasiado rápido. Razón por la cual, quizá, al
individuo actual poco tiempo le queda o dedica para contemplar, escuchar, admirar
o extasiarse con la inmensidad de cosas bellas y gratuitas que hay por ahí; tampoco,
para leer y menos para entender o querer entender lo que pasa a su alrededor;
aunque lo afecte. Su mundo pareciese reducirse al malhayo apéndice binario
aquel que a toda hora lleva en la mano y que mira hasta cuando camina, come, ‘dialoga’,
trabaja, ama…
Por fortuna para la humanidad todavía quedan
unas cuantas personas que hacen de la pausa un arte, de la palabra un refugio y
de sus letras fortines acogedores para guarecerse de la andanada alienante, cuando
no belicosa, que campea por doquiera sea.
Entre estos seres sensibles y cada vez más
escasos está José Luis Ortiz Güell; un tejedor de silencios, un
jardinero de emociones que, desde su Zaragoza natal, demuestra que la pluma y
la voz pueden ser más poderosas que cualquier espada y más efectivas y
penetrantes que este o aquel otro oneroso como horrendo mega misil... Engendros del averno, luzcan el lábaro que sea
o abriguen las ambiguas causas de estos o aquellos otros ‘Enfermos del alma’,
quienes, en la vil afectación y en la muerte de inocentes, o no, encuentran
fatua justicia, morbosa satisfacción o demostración carnicera de ambición sin
límite y ebúrneo poder regional y orbital.
Cuando en 2024 José Luis, como arquitecto
de la palabra, recibió un doble abrazo con el Premio César Vallejo en literatura y el Premio Europa en periodismo, no solo fue gratificado como autor, le
celebraron la consagración de una vida entera dedicada a la trinchera más
noble: ¡la de la conciencia!
No es fácil encontrar a alguien quien, con
la humildad de los grandes, lleve décadas entregando su ser en cada línea. La
trayectoria de Ortiz Güell no se mide en años, sino en la profundidad de las
almas que ha tocado e impactado. Desde aquellos primeros versos susurrados a sus
13 años mantiene un timbre inconfundible: el del humanismo. Actitud filosófica,
ética y estética que asimiló desde aquel entonces cuando "Juan
Salvador Gaviota" y "El Principito" despertaron en su esencia la
necesidad de volar con palabras. Principios impregnados en las sólidas columnas
que hoy publica en medios de España y Latinoamérica, así como en reseñas como esa
que, inexorable, le saca lágrimas al ama al leerla y que escribió para la ‘Compilación
de narraciones románticas II Momentos idos’.
Quien lee a José Luis no solo lee noticias
o historias; se asoma a un espejo donde la condición humana se refleja con sus
luces y sus sombras. Bajo su propio nombre o tras el seudónimo de Paolo Da Santos ha explorado en
novelas como Soledad querida dictadura
y Puente en la niebla la complejidad
del amor, la dictadura del vacío y la esperanza que emerge de nuestras propias cenizas.
Quizá lo más valioso de su obra no está
solo en las estanterías, sino en el latido ético que impulsa cada uno de sus
artículos periodísticos. Su compromiso con la paz no es una declaración grandilocuente, constituye una práctica
diaria.
En una era de titulares estridentes fue
invitado a participar en la Antología del
Bicentenario de Centroamérica y en
Canto Planetario. Magistrales
compilaciones mundiales e irrepetibles gestadas, coordinadas y ejecutadas por el
columnista y escritor nicaragüense, radicado en Costa Rica, don Carlos Javier
Jaquín.
José Luis Ortiz ejerce el periodismo y escribe
artículos con la serenidad de quien sabe que la verdadera revolución nace de la
empatía. Como columnista internacional utiliza su tribuna, no para dividir ni gestar
peleas insípidas, lo hace «para mejorar, en lo que esté a mi mano, esta
sociedad en la cual todos somos iguales»,
reitera. Su pluma cruza océanos para recordarnos que la Tierra es un
solo barrio y que, en él, estamos llamados a ser hermanos y vecinos solidarios.
La lucha de José Luis por un mundo mejor tiene
rostro y corazón. No solo en las letras, sino en el trato directo con personas
vulnerables, en el teatro que incomoda y hace pensar y en esa capacidad suya
para abordar temas complejos con la valentía de quien no busca el ruido, va
tras la luz de la verdad. El Premio César Vallejo y el Premio Europa llegaron
en un momento crucial como un reconocimiento a esa constancia silenciosa, a esa
manera de entender la cultura como un acto de servicio.
Más allá de los lauros, la humildad es lo
que realmente distingue a este inquieto aragonés, hijo de aquellas tierras en
donde casi todos sus ríos le tributan su poesía de vida al hechizante como
majestuosos Ebro. José Luis hace de la humildad una forma de estar en el mundo
sin aspavientos, sabiendo que la grandeza no solo está en el pedestal sino en
la capacidad de transformar y emocionar a quienes se cruzan con sus palabras.
Como si fuera poco y adicional a su presidencia
en la Unión Hispanomundial de Escritores, José Luis Ortiz Güell ahora asume
la dirección europea de una prestigiosa organización literaria internacional.
De esta manera la poesía y la lucha por la paz tienen un nuevo embajador en
Europa. ¡Sí!, este periodista y emprendedor cultural español fue designado como
nuevo miembro de la directiva mundial de "Poetas del Mundo",
una de las uniones de escritores más influyentes del panorama internacional,
dedicada a tejer puentes de entendimiento a través de la cultura. Este nuevo nombramiento
llega en un momento apoteósico de su carrera tras ser galardonado con los
Premios Europa en 2025, así como con los prestigiosos Premios César Vallejo de
Literatura y Periodismo en 2023 y 2024.
Hoy, al celebrar estos galardones y
nombramientos culturales, aplaudimos, también, la certeza de que la palabra,
cuando nace del corazón, es el arma más efectiva para la paz, que ojalá pronto
renazca e impere en la humanidad.
¡Tarea compleja tienes, mi querido y
siempre bien ponderado amigo virtual de letras!
Ortiz Güell nos enseña y demuestra en cada
artículo, en cada poema, en cada novela, en cada reseña que el amor con
mayúsculas es el único camino posible hacia la convivencia armónica. La que
todos nos merecemos… ¿será mucho pedirles a los señores generales de la escabrosa
economía, la guerra y la muerte que nos den si quiera un ciclo de paz y
recogimiento tranquilo para abrazar la felicidad y disfrutar las mieles del desarrollo
y el crecimiento meramente humanos?
Aunque no lo diga, es probable que este polifacético
actor, periodista, columnista y escritor ibérico, por su talante y
características singulares, además de tener en proceso creativo varios
proyectos novelescos; unos propios, otros a cuatro manos: las suyas y las de un
resbaladizo y poco leído novelista latinoamericano; haya inspirado a más de un
protagonista en otras tantas obras por ahí… alguna de estas, tal vez, camino a
la publicación, otras en construcción. ¡Vaya uno a saber!
Gracias, José Luis Ortiz Güell, por
recordarnos que en la niebla y en la incertidumbre siempre hay un puente y que
se levanta con la palabra mezclada con dos de paciencia y tres de constancia. Además,
por enseñarnos y dejarlo consignado por ahí, que: «…las palabras, cuando son
verdaderas, no se escriben: se siembran. Y que a veces, solo a veces, florecen
en el corazón del lector mucho después de que la última página se ha cerrado.
Como el amor. Como el dolor. Como todo lo que realmente importa.» **
* Relato inspirado y escrito a dos manos a
partir de las conversaciones y detalles literarios compartidos con José Luis
Ortiz Güel.
** Párrafo
de la Reseña introductoria escrita por José Luis Ortiz Güel para la
‘Compilación de narraciones románticas II Momentos idos’, 2025.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario