jueves, 15 de octubre de 2026

Viaje de ensueño por el mundo, reseña introductoria

 

Desde los albores de la humanidad la literatura ha sido la manifestación más auténtica del alma humana. A través de ella los pueblos han narrado sus luchas, sus sueños y su anhelo eterno por un mundo mejor. Canto Planetario, en su versión original, fue una brillante concepción del poeta, escritor, periodista y gestor cultural Carlos Javier Jarquín, a quien felicito sinceramente por haber tenido la visión de compilar en una sola obra las voces poéticas de todo el mundo, tejiendo con ellas un mensaje de unidad y esperanza universal. Hoy, en su versión novelada a cargo del talentoso escritor colombiano Wilson Rogelio Enciso, Canto Planetario representa precisamente ese susurro profundo de la Tierra y sus hijos, ese eco coral que nos convoca a la reflexión, al diálogo intercultural y a la urgente necesidad de reconectar con la esencia misma de nuestro planeta.

Como fundadora de la Academia Internacional de Lingüística, Traducción y Tecnología y secretaria general de la Fundación Internacional de Escritores (Writers Capital International Foundation) he tenido el honor de participar en múltiples iniciativas que promueven el diálogo entre culturas, lenguas y visiones del mundo. Canto Planetario, como proyecto literario global, representa con brillantez esta confluencia de voces. Y en su transfiguración literaria, en esta novela que ahora ve la luz, la propuesta adquiere una nueva dimensión narrativa: una invitación a recorrer el mundo, no solo con los pies, ¡también con el corazón y la conciencia!

El personaje de Icardo, figura central de la novela, no es solo un viajero, sino un puente entre mundos. A través de sus pasos, que comienzan donde el Sol asoma su primer rayo y concluyen donde se despide con su último resplandor, el lector se ve inmerso en un viaje iniciático, lleno de símbolos, metáforas y paisajes tan reales como imaginarios. Es un peregrino moderno que, en su periplo, dialoga con artistas que representan la diversidad de la creación humana, enfrentando no solo desafíos ambientales y sociales, también, la resistencia de aquellos que se aferran a la ignorancia y al egoísmo.

Enciso, con su prosa clara y matizada, nos entrega una obra que no se limita a contar una historia, sino que siembra preguntas: ¿Qué legado les dejamos a las futuras generaciones? ¿Cómo podemos restaurar el equilibrio entre el hombre y la naturaleza? ¿Qué papel tienen el arte y la literatura en este despertar colectivo? La técnica de la “transfiguración literaria” utilizada por el autor no solo enriquece la estructura narrativa, sino que honra a cada creador que inspiró este viaje. Aunque los nombres reales no se mencionan, sus esencias palpitan en las páginas, entre líneas que evocan países, culturas, sabores, lenguas, paisajes… y, sobre todo, valores. Es un homenaje sutil, referencial, pero profundo, a la labor de los poetas, artistas y pensadores que participaron en el proyecto inicial de Canto Planetario y que siguen iluminando el camino con su arte comprometido.

Como mujer de letras y embajadora de causas humanitarias y culturales reconozco en esta novela una poderosa herramienta de sensibilización. La ficción, bien utilizada, tiene el poder de transformar conciencias, de inspirar acciones y de unir corazones. La novela referencial de Canto Planetario no solo entretiene, sino que educa, denuncia y propone. En un tiempo donde las fronteras parecen cerrarse y los discursos de odio amenazan con imponerse, obras como esta nos recuerdan que el arte es, y debe seguir siendo, un acto de resistencia luminosa. Nos invita a mirar más allá de lo inmediato, a escuchar con atención las voces que claman por justicia, por sostenibilidad, por paz. Felicito al escritor Wilson Rogelio Enciso por su visión, por su audacia al convertir un proyecto coral en una novela de ficción social que entreteje lo real con lo simbólico, lo local con lo universal. Y también agradecerle, en nombre de todos los que creemos en el poder transformador de la palabra, por haber hecho de este Viaje de ensueño por el mundo una experiencia tangible, sensible y profundamente humana.

Estoy convencida de que esta obra dejará una huella imborrable en los lectores, tanto por su calidad literaria como por el mensaje que encierra: un llamado urgente y poético a cuidar nuestro planeta, a abrazar nuestras diferencias y a seguir soñando, juntos, un mundo más justo, más verde y humano.

* Irene Doura-Kavadia, escritora, poeta, profesora, literata, traductora multilingüe, conferencista, gestora y promotora cultural griega.  Es autora de 16 libros publicados en griego, inglés, francés y español y ha recopilado antologías como editora en jefe de Writers Capital International Edition.


Nota. Esta novela estará disponible en todos los formatos de Amazon (digital, tapa blanda y tapa dura), así como en edición especial en Autoreseditores a partir del 7 de noviembre de 2026.


sábado, 3 de octubre de 2026

Cincuenta años de amor

 

2026

Después de la vida que me otorgó mi madre el segundo gran premio me lo diste tú, amada señora mía: llegaste a mí cuando recién los 18 cumplía.

Desde entonces, cada día a tu lado la dicha es la constante; incluso, durante tantas y tantas vicisitudes que hemos afrontado y sorteado hombro a hombro y con denodados esfuerzos e impelidos sacrificios. Los que, vistos en retrospectiva, constituyeron inversiones ineludibles como necesarias para ser felices y fortalecer nuestra sempiterna unión.

Esto y la satisfacción de haber hecho bien lo que nos correspondía, y sin dañar a nadie, no solo nos permitió llegar juntos e indemnes a estas calendas maravillosas, también, se constituyen en la yesca y en el oxígeno necesarios para afrontar con brío y la frente en alto el tramo que nos falta por recorrer, vengan como vengan las cosas de ahora en adelante.

En aquel agosto del 76, cuando se cruzaron y entrelazaron nuestras existencias, supe que tú eras la mujer indicada para el largo peregrinaje de mi díscolo destino. Entonces, hechizado con tu escultural presencia y ese perfumado halo de musa tropical, el que conservas intacto, decidí y te propuse que lo hiciéramos juntos; como de la mano, desde entonces, lo hacemos a diario, amor; aunque ahora nuestros pasos sean más pausados, cuidadosos y tranquilos.

1976

Tras tu apoteósica y no tan rápida aceptación, porque te tomaste tu tiempo para decidirte: ¡cinco años mientras consolidamos el pedestal de nuestro futuro!, hasta te prometí cosas que, a esa tempranera y briosa juventud me parecían posibles y sencillas de lograr.

Algunas las fui cumpliendo en la medida de las circunstancias y los afanes diarios. Otras se quedaron en el cofre de las promesas en salmuera. Las que sé que, aunque nunca me lo reprochas ni reclamas, las tienes presentes en tu alma buena... por si algún día lo logramos.

Entre esas promesas, por las cuales me esforcé durante estos cincuenta años de amor, amada mía, están la luna de miel en París; los cruceros por los ríos Rin, Sena y Danubio; un viaje en alguno de esos trenes misteriosos; una noche de concierto en Viena y otras tantas visitas de quimera y poesía; tal y como lo leía por ahí o me imaginaba y alimentaba mi ilusión para disfrutar contigo.

Algunas de tales fantasías las concebí entre las páginas de Dumas, Shakespeare, Gógol, Dostoyeski, Cristie, los clásicos españoles, Neruda, Gabo y las de otros tantos escritores del mundo que describieron viajes y parajes de ensueño, tristeza y poesía asociados con la hechicera Europa clásica romántica medieval.

Pues bien, ¡sí!, tuvo que pasar media centuria para cumplirte, amada esposa mía, parte de esas promesas.

Al menos en cuanto a la visita de la Europa antigua de mis sueños.

Ojalá lo hubiésemos logrado antes.

Pero como quiera que hasta ahora se nos presentó la oportunidad, déjame decirte que, aunque atragantado lo tenía, desde el 76, cuando lo concebí y te lo prometí, trabajé duro, en silencio y sin descanso para lograrlo.

¡Tú lo sabes!

Debo reconocer que, desde luego, sin tu denodado apoyo, fe en mí, comprensión y amor incondicional jamás lo hubiese conseguido.

Sin ti todo se hubiese quedado en ‘El frío del olvido’.

Por todo esto y mucho más, ¡señora amada esposa mía!, además de las disculpas que te debo por tan larga y paciente espera, gracias te doy por confiar en mí; por jamás dudar que algún día, como fuera, lo conseguiría; por la oportunidad de permitirme haberte cumplido… ¡aunque a medias y ya de viejos encanecidos!, algo de aquello que de joven te había prometido.