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lunes, 24 de abril de 2023

Manchas divertidas y misteriosas - Reseña

 

Por María Beatriz Muñoz Ruiz, directora revista One stop 

Solemos considerarnos justos en la valoración que damos moralmente hacia los demás, pero nuestra mirada no es la misma cuando observamos a un niño o a un anciano; con el niño normalmente se nos dibuja una sonrisa en el rostro llena de ternura, sin embargo, con el anciano, se nos arruga el entrecejo, a veces sentimos lástima, otras, preocupaciones, y otras, desagrado hacia su actitud, entonces pensamos “cuando llegue a mayor no voy a ser igual” pero al final todos somos igual, ¿sabéis por qué? Pues porque el niño aún no conoce la crueldad de la gente, no sabe a qué mundo se debe enfrentar, no conoce aún el egoísmo y la lucha del más fuerte. El anciano ha pasado por todo eso, ha vivido momentos maravillosos a los que desea volver, ha sentido la juventud y la ha perdido, recuerda lo que era un cuerpo sano y lo anhela, pero no os cofundáis, la mayoría de las veces, no lo anhela para salir de fiesta, lo anhela para no sentirse un estorbo, ya que en este mundo loco en el que todos hemos sido abducidos por la tecnología y el estrés, no tenemos tiempo para nuestros ancianos. 

Cuando comencé a leer la obra de Wilson Rogelio Enciso, “Historias guardadas” vinieron todas esas reflexiones a mi mente. 

Su precisa descripción hace que te metas en la piel de Tobías y Abigail, sientes lo injustos y egoístas que fueron sus hijos y lo dura que es la vejez; sientes que podrías ser cualquiera de ellos. Nada más comenzar su obra, pensé que iba a ser una crítica social hacia este tema, pero Historias guardadas es mucho más, es como si a través de una ventana estuvieras cotilleando la vida del matrimonio Alarcón Rojas, creando una trama curiosa y divertida, todo ello gracias a un protagonista indiscutible, Manchas, un gatito que te tiene entretenido durante toda la obra y que te saca más de una sonrisa, y hace que las páginas vuelen rápidamente.

Wilson tiene la habilidad de crear una historia curiosa y a la vez, pequeñas pinceladas de crítica social y política casi imperceptibles al lector, pero imposibles obviar. Un maestro de las letras, un gran escritor que te atrapa desde la primera página hasta la última. Y, sinceramente, me encantó el gatito Manchas y el misterio que lo rodeó durante toda la obra, me encantó ese pasado de los protagonistas, porque a pesar de ver a los ancianos al principio de la obra desvalidos, son personas con una larga vida en la que también fueron jóvenes y cometieron locuras. 

Cuando terminé de leer la última página, fue como si me hubiesen descubierto fisgoneando en la vida de otras personas y tuviera que abandonar la historia, me quedé con ganas de más, así que desde aquí pido una segunda parte del que se ha convertido en mi gatito preferido, Manchas.

jueves, 2 de febrero de 2023

La Morenita

 


Cuento esta historia porque me parece bonita y digna de que trascienda. Lo hago con el respeto que todas y cada una de las personas se merecen, tengan o no creencias de estas, aquellas o ninguna. Al final, cada uno sacará sus conclusiones. Me enteré de esta porque el autor, quien me autorizó para que le hiciera retoques y la difundiera sin decir su nombre, la compartió por WhatsApp en la familia, de la cual hago parte de alguna manera.

“Resulta, querida familia, que la hermana de mi esposa nos encargó una Morenita bendecida para colocarla en una gruta que hizo especial para ella en la casa que construyó en algún municipio colombiano cerca de la gran ciudad y que inauguraría para los primeros días de noviembre de 2022 con una misa en compañía de su familia.

A mediados de octubre tuvimos las medidas exactas del sitio donde sería colocada la Virgencita. Entonces, nos fuimos un sábado hasta su santuario aquí en CDMX, compramos la efigie más bella que encontramos, acorde con la talla indicada, la hicimos bendecir, la empacamos y llevamos a nuestro apartamento. Primera estación.

Era obvio que, a nosotros, por temas laborarles, se nos imposibilitaba llevarla para el día de la inauguración de la casa. Tampoco, para la misa de aniversario de fallecidas de las abuelitas de mi esposa y mi cuñada a mediados de noviembre, ni siquiera para comienzos de diciembre cuando tenían programada otra fecha de encuentros familiares.

En nuestros planes y deseos estaba llevarla nosotros a mediados de diciembre, para cuando viajáramos a Colombia, como cada año. Por esta razón, decidimos comprarle una maleta donde la guardamos bien envuelta para protegerla y garantizar que llegara intacta a su destino.

Por casualidades de la vida o energías limpias que mueven a las personas y encarnan acontecimientos inesperados y bellos, mi hermana, mi cuñado y un sobrino vinieron a pasar unos días de vacaciones en CDMX, con hospedaje en mi apartamento y con tiquetes de regreso para el 2 de noviembre. Ellos practican una religión diferente a la católica, son cristianos devotos. Por lo tanto, nunca pensamos en ellos para encargarles la llevada de la imagen de la Virgen. Evitaríamos incomodarlos, no solo por el peso y volumen adicionales que les implicaría, en particular, sino por los preceptos del credo que profesan en relación con imágenes y ritos católicos.

 Sin embargo, curvas tienen las carreteras, olas el mar y brisas hay en las alturas... eso sí, todas por alguna razón están ahí y cumplen un propósito. El 2 de noviembre, cuando estaban con las dos maletas en la puerta de mi apartamento, rumbo al aeropuerto para el regreso, les pregunté:

—¿Pesaron las maletas?

—¡No! —contestó mi cuñado.

—Es mejor que lo hagan —les dije—, porque si llevan más de lo autorizado tienen problemas y les toca pagar el exceso.

En efecto, las dos maletas excedían lo autorizado, por los recuerdos y regalos que llevaban de regreso.

—Ahora, ¿qué hacemos? —preguntó mi hermana—. Habrá que sacar cosas.

—¿Revisaron con la aerolínea si hay alguna opción o algo parecido en cuanto a maletas? —les preguntó mi esposa.

—¡No! —contestó mi cuñado—. Compramos los tiquetes con solo dos maletas con peso estándar. No creímos necesario incluir otra maleta... cuestión de costos, tuvimos descuento en los tiquetes por llevar solo dos.

—La ropa y las cosas de nuestro hijo decidimos que las acomodaríamos en las nuestras —aclaró mi hermana.

—No imaginamos que lo que compramos para llevar pesara tanto y excediera lo permitido —adicionó mi cuñado.

 —Permítanme los tiquetes y reviso —dijo mi esposa—. Es probable que se pueda hacer algo. En última instancia pagamos desde aquí una tercera maleta.

Mi esposa revisó en la página de la aerolínea y... ¡qué sorpresa!, ¡tenían derecho a una tercera maleta y sin costos adicionales! ¿Cómo o por qué? ¡Nunca lo supimos... al parecer!

—Siendo así —les dije—, por aquí tengo otra maleta para que dividan el peso entre las tres.

Me refería a la maleta en la cual pensábamos llevar la efigie. Fui con ellos hasta la alcoba, me subí en una butaca, bajé la maleta, saqué el paquete donde estaba la Virgencita. Fue cuando mi hermana me preguntó:

—¿Qué hay en ese paquete?

Le conté que era una Virgencita para mi cuñada... y la síntesis de la historia.

—Siendo así —me dijo mi hermana—, esta maleta es grande y ahí cabe, no solo el sobrepeso de las dos maletas, sino la Virgencita.

—¡Claro, cuñado, nosotros se la llevamos!

 Mi esposa y yo teníamos planeado llevarla a mediados de diciembre, pero, tal vez, Ella tenía otros planes. Se habrá dicho:

—«En esta maleta me voy ya para la gruta que me mandaron a construir y donde me van a poner luego de la misa y la bendición del 5 de noviembre. ¡El lugar que merezco y adonde pertenezco! ¡¿Cómo les voy a fallar a esa señora, a su familia y a la casa que me está esperando, donde me necesitan y confían en mí?!»

Familia, quizá por eso apareció en la aerolínea el cupo para esa tercera maleta ¡y sin costo adicional! La misma en donde desde octubre aguardaba la bella Morenita.

Mi hermana y mi cuñado acomodaron las cosas y la efigie en esa maleta, de tal manera que estuvo en un pueblo cerca de la capital, donde ellos viven, casi tres días antes de la inauguración y bendición de la casa de mi cuñada. Sin embargo, aquel municipio no solo queda al otro externo de la ciudad capital, sino del municipio donde mi cuñada construyó la casa.

Ahora faltaba que mi hermana se la llevara a mi suegro al apartamento en la ciudad capital y él hasta donde su otra hija. Pero él y toda su familia ya estaban en la casa nueva de mi cuñada cuando la Morenita llegó a su conjunto residencial. Por lo que la recibieron los celadores. Esta sería su tercera estación.

Enterados mis suegros y mi cuñada coordinaron para que un mensajero la recogiera allí y la llevara a un apartamento algo cerca donde vive una tía del esposo de mi cuñada. Cuarta estación.

Ella tenía planeado viajar el 5 de noviembre en la mañana para la inauguración de la casa, la misa, la llegada y bendición de la Virgencita. Cuando el mensajero llegó con el encargo ella no estaba. La recibió el celador de la tarde, viernes 4 de noviembre, y la ubicó, no en el casillero del respectivo apartamento, por el tamaño, sino en una bodega.

Cuando esta señora regresó a las 8 de la noche, avisada por celular de su misión de recibir y llevar al otro día el encargo, preguntó en portería que si había llegado una encomienda. El celador que acababa de recibir turno miró en el casillero y le dijo que no había nada. La señora subió a su apartamento y le informó a su sobrino la novedad.

La preocupación, tanto en una y otra parte, se hizo presente. A las 10 de la noche el mismo celador subió con la encomienda al apartamento y la entregó. Al siguiente día, sábado 5 de noviembre, la Morenita llegó a su gruta a la 1 p.m., media hora antes del inicio de la misa y bendición de la nueva casa de mi cuñada.

Milagro, coincidencias del destino, etéreas energías limpias de aquí o allá... ¡sea lo que sea! o como cada cual lo asuma, el domingo 6 de noviembre, luego de casi toda una vida de diferencias y casi poca y nada interacción entre ellos, menos, durante los últimos catorce meses tras el fallecimiento de su señora madre, mi suegro se reencontró con sus dos hermanas en aquella casa a donde estas fueron por invitación suya, quien le prometió en su lecho de muerte a su madre que le satisfaría su último deseo, en el sentido de reconciliarse y permanecer unidos... como tal parece que sucederá tras abrazarse frente a la gruta de la bella Morenita que el día anterior llegó de México.”

Historia basada en hechos reales y mágicos a la vez, según versión de Diego Ortiz Mimo. Disponible en Revista One Stop.