jueves, 30 de junio de 2022

Promesa a Río Bravo

 

Mensaje a los estudiantes de la Escuela Secundaria Técnica No.10,

Río Bravo, Tamaulipas, México,

con motivo del conversatorio durante la donación de novelas

para su biblioteca.



Que, ¿por qué mis nervios? Esta ocasión es para mí la antesala de la gala para la entrega del mejor de los galardones que amo y más valoro: ser leído por ustedes, jóvenes, quienes constituyen la principal razón por la cual escribo.

Discúlpenme si hablo primero de mí, ya encajarán el motivo. Provengo de un pueblito de ensueño ubicado en el centro de Colombia. Villorrio enmarcado y custodiado por un cerro mítico en forma de triángulo, desde donde se divisa el correr serpenteante y mágico del río de la patria. Este, tan similar al que corre bajo el puente internacional, allá a unos cuantos metros de donde ustedes están. Uno y otro son portentosos afluentes del Atlántico, cada cual cargando al lomo de su apresurado ímpetu parte de la historia de nuestras naciones, más que hermanas, socioculturalmente siamesas.

Estudié mis primeros años en un establecimiento algo parecido a este. En ese entonces llevaba el bucólico nombre de: Escuela Municipal Urbana de Varones San Agustín. Con el paso de los años y la reforma escolar se lo cambiaron para acuñarle el del fundador del municipio. Entonces, quedó como Institución Educativa Departamental Fray José Ledo.

Muchachos, además de su música, siento que nos une un sinfín de cosas, que intentaré plasmar en letras. Por ejemplo, que hay leyendas como la de los túneles de La Casa Amarilla, La Sauteña, amén de los espíritus de algunos intrépidos que intentaron cruzar el cauce del río en noches de luna llena, al compás distónico de aullidos lastimeros de coyotes escondidos en lontananza. De todo lo valioso resaltaré al más caro de los tesoros que ulula por doquiera… ese que atrapa y encanta a cuanto forastero, sensible o no, asome sus narices por esa llanura fértil y pletórica de contrastes, como haberlos, también, en mi Chaguaní del alma, donde nací.

Son incontables los baluartes que, por doquiera, con gritos de silencio eterno cuentan la historia, ¡la real!, de este icónico y norteño municipio tamaulipeco, a la vez que anuncian un futuro en imparable y apresurada construcción. Describiré y difundiré de manera breve, en líneas generales, al más grato y caro de sus tesoros, chamacos.

Me refiero a los simpares moradores, cuyo gentilicio se ajusta como botón a sayo: ¡riobravenses! Gente aguerrida y de una casta que lleva en sus genes el ímpetu del ‘Conde Sauto’: don Antonio Urízar. Por lo tanto, con ese halo en sus miradas de canela profundo, que un lector de historias, como lo debe ser todo escritor, encontrará, en cada una de estas, insumos suficientes para tejer infinidad de narraciones mágicas... Narrativa que ha de tener al personaje y protagonista universal de estos convulsos tiempos a nivel global: el habitante subcontinental. Personaje universal, no solo el de este municipio, antaño llamado Colombres, con la huella indeleble en su bronceada cara dejada por la contagiosa, incurable y cada vez más globalizada nostalgia social que apesadumbra al mundo.

Personaje universal de novela social que a diario por sus lares discurre, cuando no es por Cuauhtémoc, o por la Graciano Sánchez, es por la 5 de Mayo, la 27 de Febrero, la Mariano Abasolo, por el parque acuático La Garrapata... en fin, por donde quiera, haciéndose parte indeleble del paisaje municipal, de la geografía humana, tan del norte de Tamaulipas, como lo son, asimismo, la pegajosa zafra y esos exquisitos tamales de venado con salsa de chile serrano... ¡que qué delicia!

Pero, nada de lo anterior alimenta tanto el alma, ni agita la pluma, ¡y de qué gratificante manera!, como acaece al ingresar y sumergirse en la mar agitada de una escuela, como esta, la de ustedes, muchachos. Aquí, al igual que en toda institución educativa, la vida crepita y el corazón del foráneo palpita desbocado al respirar y untarse de la vitalidad y donaire de sus estudiantes, quienes constituyen el mayor de los tesoros municipales, del país y del mundo.

Que todos lo sepan, ¡que lo saben!, pero casi siempre, por esos egocentrismos que gobiernan la sinrazón de algunos mayores, esto se deja en la rancia gaveta de los peligrosos olvidos sociales. Cada uno de estos volantones en palpitante edad de formación y aprendizaje, con inmensas potencialidades emparejadas con sueños y esperanzas apostilladas en sus corazones, constituye un caudal incalculable para las siguientes generaciones humanas, ¡de haberlas!, si es que acaso lo permite la ambición desmedida de los mega poderes que a puño mal gobiernan el mundo. Esta muchachada es del presente el aval para el futuro, con mayor razón lo será si desde ahora hace de la lectura sana, y de por vida, su mejor costumbre inspiradora.

Alumnos que por su rol de aprendices del saber y del quehacer universales son delicado erario. Tesoro público que los mayores de este, y de todos los pueblos, en especial sus familiares, docentes, autoridades y ciudadanos, han de saber regar a diario, han de cuidar y orientar hacia su buen y sano florecer; hacia ese merecido y equitativo nuevo amanecer: ¡su futuro! El de ellos, que solo es de y para ellos. Puesto que sus mayores, por la razón que sea, suelen caminar lentos y trémulos hacia El frío del olvido, Con derrotero incierto, muchos de estos Enfermos del alma, como Marco Aurelio Mancipe y su iluminada muerte, tal vez por amar en silencio, esperando partir de igual forma, evocando el zumo del Matarratón, cuyas hojas verdes, para ahuyentar zancudos, queman al atardecer de los venados en El valle de las apariciones, fantasmal mundo en el que se vive ahora... ¡y quién sabe hasta cuándo!    

Te prometo, Río Bravo, Tamaulipas, México, que le contaré a cuantos estén a mi alcance... y a un poquito más, así tenga que gastar mis restos, del gran tesoro que descubrí en tus calles, y en especial en las aulas de la Escuela Secundaria Técnica No. 10, donde dejo para su biblioteca escolar dos de mis obras.

Con esto solo pretendo, además de ser leído, que es por lo que escribo, apalancar la formación académica y literaria de estos chamacos, amén de afianzar su capacidad de soñar y viajar leyendo hasta lugares que, de otra manera, quizá nunca pudiesen siquiera llegarse a imaginar.

Muchachos, me tope donde me tope, siempre estaré a su alcance, a un clic de distancia. Búsquenme, ahí estaré.

Mis agradecimientos especiales por hacer esto posible, amén de su colaboración prestada, para:

los directivos y docentes de la Escuela Técnica No. 10 de Río Bravo, México,

la licenciada Edith Hernández Villanueva de la Red Internacional de Autores por el Arte y la Educación

y el escritor, periodista y columnista internacional José Luis Ortiz, de España.

Disponible, también, en Revista Latina NC


domingo, 5 de junio de 2022

Abrir un libro, muchachos


Recuerda, muchacho, si bien es cierto que hoy el alboroto de la juventud rebosa tu existencia, también debes saber, o alguien te lo tiene que decir, ¡o repetir!, que, en especial tú, serás el responsable de tu futuro. Por lo que, entonces, a nadie has de señalar por el éxito o el fracaso que mañana alcances. Cosecharás de lo que hoy siembres en tu alma, y como lo hagas. Tu futuro se labra desde ahora, no esperes a mañana para comenzar su diseño. Para esto tienes al alcance algunas buenas herramientas, entre estas la lectura sana, la que enseña y deja huella, amén de divertir y alejar los malos pensamientos, así como los vicios de moda, los cuales, te lo aseguro, si no te alejas ahora de ellos, estos terminarán por hacerte más difícil el camino, cuando no es que oscurecerán tu destino.

¡Sí, te estoy hablando de la literatura!

Con este vicio sano, el de leer, y ojalá a la par con el de escribir, podrás esculpir el sendero por el cual trasegarán tus pasos.  Las voces de los autores que leas de chamaco, junto con las de tus maestros, sobre todo los exigentes, así como las de tus amados padres, por siempre incrustadas en lo más recóndito de tu alma, por antonomasia noble, en el momento preciso retumbarán, cual trompeta de mariachi, para guiarte por donde debe ser. Ya será cuestión de tu voluntad, disciplina y pertinencia hacerles caso o irte peña abajo. Tú, solo tú lo decides, y desde ya.      

Abrir un libro, muchacho, es entrar a un mundo mágico que construyó un autor, pero que solo el lector interpretará y vivirá a su manera, según su gusto, ingenio y expectativa.  

La voz del autor producirá o estimulará en ti sensibilidades afines a tus sentimientos. Incluso, te avivará aquellas pasiones que te traes a escondidas en lo profundo y más íntimo de tu ser. Estímulo que será capaz de sacar a la luz al escritor, artista o personaje universal que hay en ti… escondido allá en el fondo de tu ser esperando esa voz de aliento que le brinde confianza y anime a salir.  

También, cada vez que quieras hablar con un autor, tal vez en busca de un consejo, de una salida para una situación difícil, o simplemente para encontrar un momento de evasión de tu dura realidad, lo único que tienes que hacer es abrir las páginas de alguna de sus obras.  Te lo aseguro, ¡muchacho!, que en sus párrafos él te mostrará una salida, una respuesta que tú, según tus criterios, tomarás o dejarás.

Si te envicias con la lectura viajarás a costo bajo por lugares que de otra manera jamás conocerás. Andarás sin la necesidad de salir de casa, mucho menos sin correr los fatales riegos que implican otros tipos de viajes de oropel que se te ofrecerán por doquiera a lo largo de tu vida.

De ahora en adelante, muchacho, cuando necesites escuchar de nuevo mi voz, además de tenerme a tu disposición por siempre en cualquiera de mis novelas, relatos y narraciones de prosa poética colgadas en la red, y en esta que dejo en la biblioteca de tu escuela, búscame en la Internet, y en mí página: wrenciso.com. Ahí estaré a un clic de ti. Envíame un mensaje con tus inquietudes, dudas, planes... Mientras siga con vida te responderé, algo te diré, te lo prometo.

Mensaje a los estudiantes de la Escuela Secundaria Técnica No. 9, Reynosa, Tamaulipas, México, con motivo del conversatorio durante la donación para su biblioteca de la novela  ‘El valle de las apariciones’.25 de mayo de 2022.

Relato disponible en Revista Latina NC

lunes, 2 de mayo de 2022

Ensoñación

 


No cabía de la felicidad, ¡ni de la emoción!, al estar en ese mágico lugar. Pensé que jamás cumpliría tal quimera. La tenía en mi mente desde la adolescencia cuando un compañero de colegio me dijo que él pasó por esas. Nunca supe si fue verdad o no. Pero, esa pasión onírica, al ir deshojando calendarios, se me empecinó y metió entre mis más recelosos y guardados deseos. Con mayor razón cuando escuchaba a los hombres con los que me relacioné a lo largo de la vida, casi a todos, que esa también era una de sus más soñadas aventuras por cumplir, unos, y ya satisfechas y más que gozadas, algunos.

Cierto o no lo de aquel amigo de colegio, o las historias de los que me topé a la vera del espinoso camino durante mi rutinario trasegar, sobre todo los que decían haberlas vivido y gozado, ¡esta vez era mi turno!

Me encontraba a punto de cumplir el sueño.

No sabía qué lugar era ese, ¿acaso importaba? Tampoco, quiénes eran ellas, las beldades que me invitaban a su recámara que parecía flotar en un cielo de nubes perfumadas que hacían de abullonada e infinita cama… propicia para el encuentro amatorio.

 Eran tres espectaculares mujeres, tal y como las fabriqué desde joven, media centuria atrás, en las catatumbas de mis hervores masculinos. Lucían vaporosas y mágicas prendas íntimas. La rubia era embrujadora, la morena muy voluptuosa… ¡ay!, la tercera era la más bella y sensual: ¡una sinigual trigueña tropical!

Ante mi timidez fueron hasta donde me encontraba y me llevaron a su recámara. Entonces, la primera comenzó a besarme, la segunda a acariciarme, mientras la trigueña tropical me iba despojando de la ropa...

En ese momento mi esposa se rebulló en la cama, haciendo que esas bellas mujeres, junto con la fantástica alcoba, ¡desaparecieran de mi sueño!, y tal vez para siempre.

Disponible en Revista Latina NC


martes, 22 de marzo de 2022

El valle de las apariciones y sus personajes

 


En ‘El Valle de las apariciones’ todos los personajes tienen igual importancia y protagonismo, además de la conexión entre ellos a través del escritor, quien hace la primera de las dos voces en la novela. Cada uno construye en su respectivo tramo parte fundamental del entramado que cobra vida, en un cuerpo etéreo y único, cuando el lector en su mente junta y remata todos los relatos. Sí, cada uno tiene su impronta, parlamento y momento específico para compartir con el escritor, a su manera, lo que piensa, siente, sufre, afecta o necesita denunciar o aclarar.

Hay tres tipos de personajes. Están los humanos, los de carne y hueso y sus complementarios: las apariciones con las que el escritor cree interactuar a lo largo de aquel periplo por entre las hirsutas montañas del valle que, a mitad de país, en su tranco medio, tributa sus aguas al Magdala, al río de la patria. La segunda categoría está constituida, precisamente, por el exquisito paisaje y la geografía, en especial, la del campo, a la que el escritor llama la “amada ruralidad”. La tercera la encarna la compleja y atropellada historia social de aquella nación subcontinental.

El delicado zurcido de estas tres categorías de protagonistas que convergen en la obra, en principio hilado con letras desde su creación y rematado por la inquieta imaginación del lector, termina en una filigrana tipo acuarela, con encajes, matices y candilejas exquisitamente difusas que las dos voces de la novela le van mostrando y explicando al oído del lector; incluso, los detalles aparentemente imperceptibles. Estos, hasta es posible que pasen inadvertidos a la vista de los desprevenidos. O, tal vez, algunos querrán dejarlos de ver o entender... sus razones tendrán a quienes esto les pase.   

Aunque al parecer la mayoría de los personajes humanos y las apariciones son del género masculino, tras estos, en verdad, las que se llevan el estrellato novelístico son mujeres, aunque poco asomen sus narices en las páginas. Los protagonistas hombres hacen lo que hacen y se mueven, en esencia, por fibras que aquellas les exacerban de alguna manera, por lo general con temas de carácter afectivo-sentimental, social o místico.  

El escritor es la voz visible a lo largo de la trama. Es el interlocutor y por quien aparecen los demás personajes. Pero, en esencia, su razón de ser es su esposa, más aún desde la quinta década de su vida cuando decidió dedicarse a escribir y recorrer la geografía de su país (la ruralidad) donando sus novelas de ficción social en las bibliotecas públicas de los pueblos. Su esposa es un personaje que, aunque poco se muestra en líneas, constituye el soporte existencial del escritor y de casi todos sus escritos, con mayor razón en ‘El Valle de las apariciones – Novela coral’.

En su orden de aparición el personaje que comienza a interactuar con el escritor durante aquel periplo de tres días por los pueblos del valle es, precisamente, la geografía (tanto la física como la humana), compuesta por los paisajes, los lugareños y su respectiva cultura, su idiosincrasia. Esto, tanto en el área urbana como, a medida que se aleja de la caótica ciudad capital, en los pueblos, la zona rural, su amada ruralidad. Con este personaje: la geografía física y humana de aquel peñasco de montaña, va entrando en escena la convulsa historia de aquel país subcontinental. Esta es contada, o develada en lo particular, por cada personaje, sobre todo, en cuanto a aquellos pasajes que la sociedad quiere, o necesita, por cualquier motivo, esconder, difuminar o transfigurar.

Al llegar al primer pueblo, La Vega de Butulú, el escritor se topa al siguiente personaje, El pasajero, quien casi le causa la muerte. Sin embargo, apasionante por el lastre que le atisbó desde cuando lo vio en la cafetería donde el escritor fue a desayunar. Gracias a su relato conoció la historia de su esposa, quien se fue de su lado con un cardiólogo, apartándolo para siempre de su hija. Lo que a la postre lo conminó a la incurable y contagiosa nostalgia, no solo la de tipo afectiva, también la social.

Luego del impase que casi le cuesta la vida con su famélico pasajero, al llegar al siguiente poblado interactuó con el barrendero municipal, quien a su vez le devela un fragmento doloroso e incurable de la historia reciente, no solo de aquel municipio: Cañas Dulces, sino del país... y podría decirse, también, del subcontinente. La revelación de este personaje, ligada a la triste suerte de su esposa e hijos, calarían hondo, muy hondo en la mente del escritor.

En el tercer municipio del periplo el intelecto del escritor es impactado de manera trascendental, no solo por las revelaciones que allí se le manifiestan dentro de un marco de historia, cultura y religión, sino por el encuentro que tuvo, primero, con El Guía de Villa Remanso, luego, con la despampanante y difusa Bella Morena Triste, en el parque principal, frente a su iglesia de torres blancas tipo colonial.

Camino a Mi Destino, el final del recorrido del primer día, la historia y la geografía pueblerinas se anuncian y entran en escena aprovechando el teatrín que por allí le tenía preparada su amada ruralidad.

En Mi Destino la poetisa anfitriona del evento literario al cual fue invitado, y razón o justificación de aquel periplo, le comparte al escritor un secreto guardado de su infancia, en donde el actor estelar es un perro que cuando niña su padre Martín le regaló y que ella llamó Abejón.

En ese mismo pueblo conoció la historia de una mujer humilde a quien él bautizó Artesana lectora, así como al poeta caribeño con quien hace el fantástico viaje de regreso por la otra carretera de acceso, en donde, de nuevo, la geografía, la historia y los mitos subcontinentales recrean el recorrido, hasta Agua Viva. En ese pueblo tienen que recoger, por encargo y en medio de un aguacero agorero, a doña Aparición. Sombra de mujer que así como apareció desapareció frente al cementerio de Pradera, ya en el altiplano de la gran sabana, luego de un viaje enigmático a su lado, y anuncio del desenlace espectral de la novela, así como de su título.

martes, 1 de marzo de 2022

A propósito de la novela Matarratón

La historia de un pueblo podrá ser contada al revés; no faltará el novelista que la escriba tal cual es.

Guillermo Labrit, poeta cubano, residenciado en California, USA, presenta la novela 'Matarratón' y lee un fragmento indicativo de la misma.

Ficha nemotécnica de 'Matarratón'

1. Nombres iniciales: 'Elogio a la ignominia oficial’ y ‘Perfil presidencial’. Matarratón surgió de las páginas al leerla para edición.

2. Orden dentro de la saga: Matarratón es la cuarta de al menos doce dentro de la saga sobre la historia novelada de un país que lo tenía todo, menos amor patrio. La primera es ‘El frío del olvido’, la segunda ‘La iluminada muerte de Marco Aurelio Mancipe’, la tercera ‘Con derrotero incierto’, la quinta ‘Enfermos del alma’. Pero, cualquiera sea el orden de las novelas que alguien escoja para leerlas, siempre podrá armar la colcha de retazos comportamental de aquella sociedad y su destino marcado para repetir una y muchas veces su historia particular.

3. Género: Novela de ficción social, molécula literaria compuesta con dos átomos de realidad y uno de fantasía tropical.

4. Ritmo literario: Nostalgia subcontinental, sentimiento de impotencia, vibrante e inocultable del individuo ante la imposibilidad de cambiar las cosas que tanto lo afectan y condenan a llevar una vida que no se merece, que no le gusta porque le fue impuesta cual herencia nacional.

5. Ubicación general: En Concordia, la grande, un país tropical, único en el mundo.

6. Principales escenarios:  Tanto en la fría y caótica ciudad capital de Concordia, la grande, como en la costa Caribiana, a orillas del río Revueltas, en Montesía, la capital del departamento de Córcoba y en otros municipios aledaños a ese afluente.

7. Época: Es una fotografía literaria de la última década del siglo XX, el de la ignominia nacional, de Concordia, la grande.

8. Color:  El color que predomina es el magenta.

9. Sabor:  Al zumo de la rebancá mezclado con ajenjo para ser tomado en ayunas.

10. Olor (perfume):  El del humo de las hojas verdes del matarratón al ser quemadas al atardecer y el de las vísceras del bocachico del río Revueltas recién pescado.

11. Sonido: Porro, fandango, puya y mapalé.

12. Personajes propios de la obra: Carlos Alfredo Pataquiva, El Viejo Tigre Montesiano (senador David Túnez Congótez), Oskartes de la Santísima Trinidad Tajada, Rafael Bornacelli, el fiscal 73 y cinco mujeres fundamentales en la obra: Marthica Cubiles, la bella Marcelita, Rosario Álvarez Pieschacón, Teocracia de Jesús Pulgarín Vargas y Otilia esposa de Carlos.

13. Personajes itinerantes: Abelardo Uribia Morales y su consorte Lidia, El Grupo Caterpilar y las Fuerzas de Autoridad, Defensa y Control de Concordia (FADCC).

14. Frase que identifica la novela: “Nada más incómodo e inconveniente en una sociedad perversa y egoísta que una persona honesta y solidaria, peor si esta es humilde”, dicha por el teniente carcelario a quien le tocó cumplir la inmunda misión ordenada por el poderoso Tigre

Obra disponible en Amazon, Autoreseditores y wrenciso

domingo, 13 de febrero de 2022

Matarratón - fragmentos

 

Video fragmento

Aquel era un pueblo subcontinental con más de doscientos años de seudo independencia, en donde ser bueno y tener principios podría causar problemas... y hasta la muerte, si se persistía en ello.

Fragmento

"El atardecer en el valle del río Revueltas se entregaba, con ociosa resignación, a la voracidad de los impresionantes y hermosos arreboles tropicales que anunciaban, con poético frenesí, el paso inexorable del anochecer, obligando al clima sofocante a presentar sus primeras señales de tregua. La brisa suave proveniente del río invitaba al descanso, así como a la caminata bajo el dulce canto de unas escasas golondrinas. Trino este emitido durante su vuelo rasante y con rumbo permanentemente cambiado en forma repentina por aquellos pájaros diezmados. Pocas aves estas que hacia los años sesenta atestaron el cableado del alumbrado público de las calles y cielos de la ciudad, arrasadas de un momento a otro por la acción depredadora de la administración municipal en procura de evitar que sus desechos ácidos siguieran molestando a los pobladores, a pesar de ser estos los invasores y destructores del hábitat de aquellas, y de muchas otras especies, tanto de la flora como de la fauna, algunas extintas, otras en vías de serlo, ¡inexorable sentencia humana!

Tras caminar con pausa fatigada frente al edificio Saín, Carlos buscó la avenida Primera. En el malecón la brisa era más placentera y acariciaba con suavidad y frescura su rostro, de nuevo empapado por la sudoración. Buscó y encontró una heladería. Subió al segundo piso y se acomodó en una de las mesas del balcón, desde donde se tenía acceso a una vista incomparable y espectacular del río Revueltas. En sus aguas plateadas se reflejaba el crepitar de la luna ebúrnea en cuarto de menguante, coronada por nubes caprichosas y sensuales que tomaban formas difusas y variadas a cada instante. Oleadas sutiles con el indescriptible perfume del bocachico alcanzaban a percibirse, provenientes de la orilla del río, en donde pescadores rezagados llegaban, en embarcaciones pequeñas, con su carga disminuida para la subsistencia diaria. La pesca indiscriminada, en especial con dinamita, cumplió con su depredadora y atronadora labor.

Aquel forastero inusual y solitario le solicitó a la mesera una limonada con hielo y se dispuso a disfrutar del paisaje ensoñador. Descanso y ensoñación interrumpidos de manera más que abrupta. Menos de cinco minutos después de hacer el pedido, el establecimiento fue invadido por una veintena de hombres fuertemente armados, vestidos de civil. Estos exhibían en su brazo derecho brazaletes negros con letras de color amarillo quemado. Ahí se leía: FADCC.  

Desde la mesa que ocupaba Carlos se podía observar un gran dispositivo de seguridad montado por aquellos hombres, tanto en la calle como en el primer piso de la heladería y, desde luego, en el segundo. Tres de aquellos milicianos hicieron presencia en la terraza en donde se encontraba el forastero. Coparon el recinto y se ubicaron de manera estratégica, segundos antes del ingreso del que parecía ser el comandante, como le oyó decir Carlos a uno de estos últimos, cuando aquel arribó y este le manifestó que la zona estaba cubierta y asegurada.

Carlos ni se inmutó. Lo intuía. También lo tenía presupuestado. «Estoy preparado para este y otros encuentros y situaciones similares, mientras esté a cargo de esta espinosa e inútil investigación...», pensó."


jueves, 10 de febrero de 2022

'El Valle de las apariciones - Novela Coral'


 Video de presentación

Además de los variados y cinematográficos escenarios por los que nos pasea esta novela, que van desde el fantasmagórico amanecer sabanero, arriba en el altiplano citadino, hasta las brumosas y ensoñadoras laderas del valle del Magdala, el lector se topará con tres tipos de personajes. En primer plano están los humanos, tanto los de carne y hueso, los reales, como al menos quince que lo hacen de manera etérea, es decir, las apariciones, incluido el espíritu del perro Abejón. Igual papel estelar y con grito de acuarela quejumbrosa le corresponde a la naturaleza, tanto a la amada ruralidad para el escritor protagonista, como la asfixiante y cotidiana vida citadina. La tercera categoría de personajes la encarna la historia de aquel país subcontinental, con énfasis en la turbulenta y caótica de finales del siglo XX y tres primeras décadas del XXI. Cada personaje: humanos, naturaleza e historia social, tiene su parlamento, se expresa, acusa y deja evidente huella a lo largo de la trama.

El escritor solo quería respirar el aire prístino de la ruralidad, además de estar solo para hablar con sus personajes, inventarse otros y aparejar la trama de algún relato nuevo. Para ello aprovecharía la invitación al encuentro literario que le hizo la poetisa de Mi Destino, uno de los pueblos engarzados en las intrincadas y boscosas laderas de aquel valle que, a mitad de país, nutre las aguas del Magdala, el río de la patria. Además, para donar en las bibliotecas públicas de la región algunas de sus novelas de ficción social.

Lo que jamás se imaginó el escritor fue que, en cada municipio y durante aquel periplo que duró tres días, iba a interactuar con unos protagonistas de novela coral que, como salidos de su imaginación, le impactarían sus letras ¡y la vida! con cada una de las historias que estos le narraron, y en las cuales lo involucraron, sin darse cuenta ni poderse escabullir de estas.

La situación se enmaraña cuando, por la otra vía, algo menos enmontada, de regreso hacia la fría ciudad capital ubicada sobre un altiplano prolongado, en compañía de un poeta caribeño, quien también asistió al encuentro literario, compartió con él aquellas vivencias mágicas y este, a su vez, le contó algunas suyas. Durante el recorrido las comentaron, cuestionaron unas, intentaron explicarse otras y hasta justificaron que gran parte de todo aquello desencajaba de la realidad y del buen juicio.

Todo hubiese quedado en la intrascendencia, ¡tal vez!, de no ser porque a los dos, bajo un aguacero agorero, les tocó recoger por ‘encargo’, antes de La Tribuna, en Agua Viva, el último pueblo de aquel peñasco de montaña con vistas al valle del Magdala, a doña Aparición, la mamá de una amiga de la esposa del escritor. Sombra de mujer que, una vez el poeta caribeño se apeó al llegar al altiplano, tras un viaje enigmático, esta desapareció frente al cementerio de Pradera.

El desenlace, insinuado de manera esquiva desde el inicio, ocurre en la sala Gabriel García Márquez de una librería en el centro histórico de la ciudad capital, durante la entrega de un premio que le van a otorgar al desconocido escritor, sin el saberlo. En el transcurso del evento aparecen algunos personajes con los que se topó e interactuó durante la correría por el Valle del Magdala. Pero no solo los reales, los de carne y hueso... allí hacen etérea presencia los diez con los que, tras interactuar con ellos, se esfumaron sin ninguna explicación lógica. Es decir, las apariciones que motivaron y protagonizaron los relatos que le hicieron merecedor de aquel homenaje también quisieron acompañarlo en ese momento de fugaz gloria. Emoción que, además del beso carmesí a distancia de la Bella Morena Triste, le produce aquel percance.